Las sanciones petroleras derrumban lo que quedaba de las industrias venezolanas

Cortesía: Meridith Kohut para The New York Times

A principios de marzo, el presidente Nicolás Maduro visitó una fábrica acerera algo derruida para presumir la capacidad exportadora del país en medio de sanciones económicas estadounidenses cada vez más fuertes.
Dos días después, el complejo dejó de operar. Fue paralizado por el apagón nacional que duró casi cinco días y devastó lo que quedaba de las industrias básicas venezolanas. El apagón, junto con nuevas sanciones estadounidenses contra el crítico sector petrolero de Venezuela, han empujado el país aún más hacia un colapso económico total.
Los ciudadanos menos desfavorecidos de Venezuela han utilizado sus ahorros en dólares para comprar generadores portátiles, importar alimentos no perecederos y conseguir descanso y comida en hoteles o churrasquerías. Para los más desfavorecidos hubo cierta señal de alivio el viernes 29 de marzo cuando la Cruz Roja anunció que pronto realizará una campaña de ayuda de emergencia en Venezuela.

Sin embargo, para muchas personas el único paliativo a las crecientes adversidades es la esperanza de que las condiciones propicien la salida de Maduro.
Por el apagón de inicios de marzo, el producto interno bruto de Venezuela perdió mil millones de dólares, alrededor de 1 por ciento del PIB, según el banco de inversiones Torino Capital. Dejó a su paso más de quinientos negocios saqueados, fallecieron al menos cuarenta pacientes hospitalizados y media decena de fábricas cerró sus puertas.

Fuente; The New York Times

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