Existe una estrategia política internacional que, lejos de discutir principios, se concentra con sutil habilidad en la conciencia política de la población, para atacar y desprestigiar a los líderes de gobiernos y movimientos progresistas.

Se los tilda de dictadores, vanidosos, dogmáticos, caprichosos, como a Rafael Correa; o de poco preparados, como a Nicolás Maduro; o de atrevidos y radicales, como a Evo Morales; o de permisivos con la corrupción, como a Cristina de Kirchner, Dilma Rousseff, Lula y Rafael Correa. No solo se los desprestigia sino que se cultiva la opinión pública con un odio concentrado, repitiendo y repitiendo mensajes y consignas de calumnias y difamación.  Es una estrategia de inteligencia conservadora, sostenida por ciertos gobiernos, medios de comunicación y redes sociales.

Se evade el análisis de principios políticos para propiciar los rechazos emocionales de acusaciones (gratuitas) e insultos que cultivan odios individuales contra los líderes progresistas. Estas reacciones emocionales se tornan comunes sin reflexión alguna. Los más tibios también se vuelven enemigos, y, sin mayor reflexión, reaccionan igual. ¿Alguno de ellos se atreve a pensar que se trata de una estrategia psicológica internacional?

En cualquier conversación social de clase media o alta se repiten las difamaciones y calumnias más increíbles contra líderes, en este caso de la Revolución Ciudadana, y hay ejemplos lamentables, como un gremio médico provincial, en cuya red se insulta y se expresa el más profundo odio político, más allá de la decencia, sin control de autoridad alguna del propio gremio, o de otros miembros cuyas voces llamando a la cordura fueron silenciadas.

La estrategia psicológica internacional conservadora busca reclutar y formar sectarios políticos envenenados. Este triste escenario político de odio hacia los líderes progresistas, individualmente considerados, se ha extendido por el mundo. Ya no se los excomulga, pero se trata de encarcelarlos, destruir su honra con falsas acusaciones, hábilmente fabricadas y repetidas hasta ganar las conciencias de quienes continuarán repitiéndolas.

FUENTE:
César Hermida – 07 de abril de 2018 – 00:00
DIARIO EL TELEGRAFO