Rafa Nadal ganó a Dominic Thiem y se lleva el Roland Garros 2019

Rafa Nadal con su duodécima copa de Roland Garros.

Rafa Nadal ha hecho más grande su leyenda al ganar a Dominic Thiem en la final de Roland Garros por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1. Es la duodécima copa de Mosqueteros que conquista el español y el decimoctavo grand slam de su carrera, a sólo dos de Roger Federer (y tres más que Novak Djokovic). Quince años después de su primera victoria sobre la tierra batida de París, Nadal necesitó de tres horas y un minuto para escribir una nueva página de su historia y supera a la australiana Margaret Court, que había ganado once veces el Open de Australia entre 1960 y 1973.

Nadal ha estado prácticamente intratable en esta final ante Thiem, contra el que jugó ya en 2018 en el mismo escenario. En el primer set cedió un break, el segundo set sí fue para el aaustriaco, pero los dos últimos se los llevó de manera contundente e intratable, sin ceder su servicio y realizando una decena de juegos en blanco. Thiem jugó muy bien, pero es insuficiente para estar a la altura del mejor jugador en la historia del tenis sobre tierra batida.

 

Las lágrimas de Nadal

Cuando a Thiem se le fue larga la bola que sirvió para que Nadal ganara, este soltó la raqueta, se tiró al suelo y se llevó las manos a la cara, en un gesto que tantas veces hemos visto. El ritual siguió en una carrera para saludar y dar un abrazo a su rival de 25 años (quien cogerá el testigo cuando Rafa quiera) para dejar la raqueta en el banco y regresar al centro de la pista y levantar los brazos. Ahí, cuando analizó lo sucedido, se puso a llorar y tapó su rostro con la camiseta y sus manos. Tardaría más de lo normal en volver al banco para que comenzara el turno de la minientrevista y que la organización comenzase a desplegar el podio para la ceremonia de la entrega de trofeos.

Cerró los ojos cuando levantó la duodécima que le entregó Rod Laver. Y también, por duodécima ocasión, hizo sonar el himno español en la Philippe Chatrier. Aplaudieron sus padres, su hermana, su futura esposa, su actual staff -Carlos Costa, Carlos Moyá, Francisco Roig, el doctor Cotorro- y su tío Toni Nadal, gran culpable de este éxito insólito en la historia del deporte. También estaba por allí el rey emérito Juan Carlos I y la Infanta Elena.

“Eres un ganador increíble. Enhorabuena” y, con resignación y una sonrisa, cedió el micrófono a Rafa el subcampeón Dominic Thiem. “Tienes un muy buen equipo, enhorabuena por todo esto”, respondió Nadal a los halagos del austriaco, antes de comenzar a dar las “gracias a la organización y a todo mi equipo. Hace poco no sabía ni siquiera si podía volver a jugar este torneo, así que si estoy aquí es gracias a vosotros, por vuestro apoyo en los momentos más difíciles”. Por último, agradeció también al público y señaló un: “Espero que nos veamos el año que viene”. Y el público, comenzó a gritar “¡Rafa, Rafa!”. Nadal y Roland Garros es una historia de amor difícil de superar.

Así fue el partido

Como el año pasado, Thiem entró con brío, deseoso de tratar de tú a tú al dueño del lugar. De su raqueta salía dinamita, respondida por la pólvora del español, lo que se plasmó en una primera manga intensa y lúcida. Nivel de diez, dos titanes con armas diferentes, cada uno poniendo sobre la arena sus mejores argumentos. Fiel aprendiz de su maestro, el austríaco pareció Nadal por momentos. Devolvía esas bolas que normalmente sirven para ganar un punto y que, remitidas al otro lado de la pista, se convierten en regalos envenenados, porque a nadie le gusta tener que ganarse dos veces lo que ha costado tanto conseguir una.

Así, asentado en un revés de seda, de esos de una mano que tanto oxígeno dan, Thiem se convirtió en un muro ante el que la pólvora de Nadal parecía mojada. ¿Cuánto podía durar el festival del austríaco? Se colocó con ventaja 3-2 y saque, mientras la Philippe Chatrier comenzaba a relamerse pensando que al fin tendría una final disputada.

Pero Nadal no tardó en reaccionar, con bolas más profundas recobró la iniciativa del partido, recuperó el servicio y con una serie de cuatro juegos seguidos ganados colocó la contienda de su lado. ¿Qué hay que hacer para ganar a este monstruo?, debía preguntarse el pupilo de Nicolás Massu, que acababa de desplegar un gran tenis y se veía ya con el agua al cuello.

Ante una grada dividida entre quienes querían ver crecer todavía más el mito y los que pedían a gritos el traspaso de poderes, Thiem varió la estrategia. Puntos más cortos que sostuvieron empuje del español en un segundo set más calmado. Nadal bajó el pistón y se vio sorprendido en el duodécimo, en el que cedió el servicio y el set. El primero que le arrebataba Thiem en cuatro duelos en París. El primero que perdía el español en una final en Roland Garros desde 2014.

Disgusto mayúsculo en el balear, que saltó como un niño al que han quitado su juguete favorito. Resultado, 16 puntos a uno, dos roturas de servicio y 4-0. Tortazo en la moral de Thiem que debió pensar que es mejor no molestar a la fiera y que cedió el set ganando solo siete puntos. Punto y final.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.