EEUU: La reelección de Donald Trump podría estar asegurada si el 35 o 40 por ciento de los hispanos respaldaran su candidatura


Hay alarma en la campaña presidencial del demócrata Joe Biden. Y se prendió por donde menos se esperaba. Encuestas dejaron claro que el exvicepresidente ha comenzado a perder terreno entre los hispanos de EE. UU.


Los latinos es una comunidad que, si bien es minoritaria, se considera clave a la hora de definir el nombre del próximo ocupante de la Casa Blanca.

De acuerdo con un nuevo sondeo del Centro para la Participación del Votante, Voto Latino y Decisiones Latinas –tres organizaciones que monitorean el ambiente político en este grupo de electores–, cerca de un 60 por ciento de los hispanos estarían inclinándose por Biden, mientras que un 40 por ciento lo harían por Donald Trump. Una caída de 7 puntos porcentuales desde febrero de este año, cuando se realizó la misma medición.

Aunque la diferencia aún es grande y nadie cree que el actual presidente tiene opción de ganarle a su rival en esta comunidad, los márgenes se han reducido a niveles casi históricos y podrían ser suficientes, si se mantienen, para darle a Trump el triunfo en los comicios de noviembre próximo.

Para ponerlo en contexto, en la campaña de 2016, Hillary Clinton se llevó el 66 por ciento del voto hispano (28 por ciento para Trump) y, con todo y eso, terminó perdiendo las elecciones.

Y ese número ya era bajo comparado con el 71 por ciento que obtuvo Barack Obama en las elecciones de 2012. “Si un 35 o 40 por ciento de los hispanos terminan respaldando a Trump, veo muy difícil que Biden pueda ganar”, sostiene Larry Sabato, director del Centro Electoral de la Universidad de Virginia.

Y la explicación es más o menos simple. Los hispanos, que representan el 18 por ciento de la población de EE. UU., son el grupo minoritario más grande del país. Si bien aún votan muy por debajo de su representación real (menos del 50 por ciento lo hizo el ciclo pasado), suelen pesar mucho en los estados donde están concentrados.

Especialmente en Florida, Arizona, Nevada, Carolina del Norte, Pensilvania y Texas, cinco estados de los llamados “indecisos” y que Biden necesita (por lo menos dos de ellos) si quiere quedarse con las llaves de la Casa Blanca.

Además, dado los niveles de polarización que existen en el EE. UU. de hoy, donde casi el 90 por ciento de la población ya está definida por uno u otro partido, serán pequeños movimientos como estos los que podrían inclinar la balanza.

El retroceso de Biden con los hispanos resulta sorprendente si se tiene en cuenta que está compitiendo con Trump, un presidente que llegó al poder con una plataforma antiinmigrante y que lleva cuatro años adoptando políticas muy polémicas para esta comunidad.

Entre ellas, cerrar las puertas a los llamados ‘dreamers’ –en su mayoría hispanos que llegaron ilegalmente a EE. UU. siendo muy jóvenes–, la separación de familias que fueron capturadas cuando intentaban entrar por alguna frontera y la manera despectiva como trató a Puerto Rico cuando la isla sufría por los estragos del huracán María.

Igual de llamativo es que Biden nombró como su fórmula a la vicepresidencia a Kamala Harris, una afroestadounidense de padres inmigrantes que, en teoría, debería haberlo fortalecido con las minorías.

Las explicaciones del desplome del exvicepresidente entre los latinos son varias. Una de ellas es que Biden ha puesto casi todo el peso de su campaña en el voto blanco en otro grupo de estados que fueron los que le dieron el triunfo a Trump en el 2016.

Como se recuerda, el republicano, a pesar de perder el voto popular, ganó las elecciones porque logró imponerse en Wisconsin, Pensilvania y Míchigan, tres estados del centro-este del país que llevaban décadas favoreciendo a candidatos demócratas y donde la clase obrera de raza blanca es mayoritaria.

Y aunque la campaña ha sido exitosa –Biden va adelante en esos tres estados–, su ausencia en otros estados le estaría costando.

En el caso de los hispanos, eso se ha traducido en poco contacto con la comunidad.
De acuerdo con María Teresa Kumar, de Voto Latino, solo el 32 por ciento de los hispanos siente que los demócratas están haciendo un buen trabajo de comunicación para llegarle a este grupo, frente a un 53 por ciento que dice lo mismo de los republicanos. “Esas –dice Kumar– son cifras alarmantes”.

Para rematar, las restricciones que ha impuesto el coronavirus han limitado la capacidad de Biden para hacer campaña presencial en estas zonas. Algo que los latinos, más propensos al contacto físico, necesitan para identificarse con un candidato.

En paralelo, la campaña de Trump lleva varios meses definiendo a los demócratas como una extrema izquierda que quiere imponer el “socialismo” en EE. UU.

Y si bien Biden tiene poco de socialista, la repetición del mensaje ha tenido impacto, especialmente en Florida, donde aún pesa el anticastrismo y es el hogar de muchos hispanos que tienden a ser más conservadores que en el resto del país.

La llegada de miles de venezolanos que han tenido que salir de su país y los esfuerzos que ha hecho Trump por derrocar a Nicolás Maduro han fortalecido a los republicanos en el estado.

De acuerdo con una encuesta reciente de ‘The Washington Post’, Biden le estaría sacando unos 12 puntos a Trump entre los votantes hispanos del estado. Pero en el 2016, la diferencia con Clinton fue de 28. Para un estado que suele ser ultracompetitivo y que se define por márgenes cercanos al 1 por ciento, estos nuevos números son una sentencia de muerte para el exvicepresidente. Al menos en Florida, región que definió las elecciones del 2000 y que Trump necesita sí o sí para ganar la reelección.

Los demócratas, al parecer, se están despertando. Esta semana, tanto Biden como Harris aparecieron en el estado –la primera vez desde que Biden fue nominado por el partido– y han expandido el cortejo del voto hispano en otras zonas del país.

El mensaje es que Trump les ha dado la espalda frente al coronavirus, quiere acabar con su acceso al sistema de salud y que es un autócrata que se comporta como Maduro y quiere suprimir los derechos más básicos.

Ha propuesto conceder de inmediato un estatus de protección temporal para los venezolanos –algo que los republicanos rechazan–, un camino a la ciudadanía para los dreamers, y declarar a Puerto Rico como nuevo estado de EE. UU., entre otras cosas.

“Por favor, denme una oportunidad. Si les gusta lo que ven y creen en lo que digo, ayúdenme. Más que en cualquier otro momento, la comunidad latina tiene en la palma de sus manos el destino de este país”, dijo Biden en un evento en el que los respaldaron Ricky Martin y Luis Fonsi.

Una declaración algo contradictoria si se tiene en cuenta el poco peso que les habían dado a los hispanos hasta ahora.

Por lo menos así lo cree José Parra, un operador político que trabajó muchos años en el Senado y ahora vive en Florida. “En las últimas dos semanas han estado tratando de enfocarse en la comunidad. Lo que me preocupa es lo mucho que se tardaron en arrancar y lo avanzada que ya está la campaña electoral”, dice Parra.

El multimillonario anunció que invertirá US $ 100 millones de su fortuna personal para respaldar a Biden y todo será para una campaña publicitaria en la Florida.

Qué tanto impacto tenga, nadie lo sabe. Pero si Biden no logra recuperar al menos algo del terreno que ha perdido con los hispanos, las puertas de la Oficina Oval podrían comenzar a cerrársele. Y para siempre.

Fuente: eltiempor.com

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