LA PAZ. – Bolivia amanece este martes 26 de mayo en una situación de extrema vulnerabilidad social y política.
El país arranca la jornada sumergido en su cuarta semana consecutiva de protestas masivas, marcadas por un recrudecimiento de los enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas del orden, un desabastecimiento crítico de productos básicos y una parálisis del transporte por el bloqueo de carreteras principales.
Los operativos policiales activados en las últimas horas para liberar las vías estratégicas que conectan a La Paz, Cochabamba y Santa Cruz han desatado fuertes disturbios. Agentes de la Policía Boliviana recurrieron al uso de gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes, integrados en su mayoría por sectores campesinos, mineros y obreros que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz.
Impacto en la población y desabastecimiento
El cerco vial prolongado mantiene en jaque a las principales ciudades del país, donde el impacto económico ya es evidente:
- Crisis alimentaria: Los mercados locales reportan una escasez alarmante de productos de la canasta básica y una escalada inmediata en los precios de los alimentos disponibles.
- Colapso energético: Las estaciones de servicio registran filas kilométricas de ciudadanos que buscan abastecerse de gasolina y diésel, recursos que escasean debido al bloqueo de las rutas de distribución.
- Tensión legislativa: En el plano político, el Congreso debate bajo máxima presión la viabilidad y legalidad de aplicar un estado de excepción para frenar la ola de violencia y restablecer el orden público.
Las organizaciones sociales y los comités de protesta han manifestado que no levantarán las medidas de presión hasta que el Ejecutivo ceda a sus demandas políticas y económicas. Ante la falta de acuerdos y la radicalización de las posturas, analistas locales advierten que las próximas horas serán determinantes para el rumbo de la crisis boliviana.
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