El bosque seco del sur del país volvió a cambiar de color. Entre Cazaderos, Mangahurco y Bolaspamba, en el cantón Zapotillo, los guayacanes entraron en flor y, en pocos días, el paisaje se cubrió de un amarillo intenso
Ocurre una vez al año y dura pocos días. Por eso, desde temprano, los turistas llegan en buses y vehículos particulares a esta zona fronteriza para ver cómo el bosque “despierta” tras las primeras lluvias.
El fenómeno cubre alrededor de 40.000 hectáreas y se concentra, sobre todo, en Mangahurco, Cazaderos y Bolaspamba.
En sectores como Garza Real y Limones también hay floración, aunque en menor número de árboles.
“La naturaleza nos ha premiado. Tenemos un florecimiento excelente; comenzó el fin de semana y esperamos que se mantenga hasta el sábado”, explicó Franco Farfán, presidente del GAD Parroquial de Mangahurco.
La floración alcanzó cerca del 90 % y todavía hay árboles por florecer.
El alcalde de Zapotillo, Burner Moncayo señaló que esperan la llegada de turistas nacionales y extranjeros.
Con base en registros de años anteriores, señaló que entre 15.000 y 20.000 personas suelen visitar la zona durante esta temporada.
El alcalde se mostró optimista sobre la intensidad del fenómeno. “Ha llovido durante cuatro días de manera pareja en las tres parroquias, lo que nos hace pensar que puede ser uno de los mejores florecimientos de los últimos años”, dijo.
Moncayo aseguró que la vialidad no presenta inconvenientes. “Las vías están en muy buen estado, Zapotillo, La Ceiba, Paletillas, Bolaspamba, Mangahurco y Cazaderos”, indicó.
Turismo y economía
La llegada de visitantes a superado a la de años anteriores. “Es la primera vez que vemos tanta gente. Han llegado turistas de varias provincias y también del vecino país de Perú. Se ha registrado la presencia de unos 5.000 visitantes”, señaló Farfán.
El parque central de Mangahurco se llenó de puestos de comida, artesanías y recuerdos alusivos al florecimiento de los guayacanes.
Para los comerciantes, esta temporada representa una de las principales oportunidades del año para generar ingresos, en un territorio donde el turismo se concentra en pocas semanas y el resto del tiempo la economía depende de actividades agrícolas y ganaderas.
Los productores siembran tomate, cebolla y pimiento, pero el agua es escasa y los ingresos limitados.
Nora, una de las emprendedoras, ofrece cuadros, manillas y plantas de guayacán. Otros venden camisetas, vinos artesanales de café y tamarindo, miel de abeja, cacao orgánico o imanes y llaveros con la silueta del árbol en flor. Desde temprano, los puestos se abren para atender a los visitantes.
Pedro, visitante que llegó desde Cuenca, dijo que no había visto antes un paisaje similar. “Llegué con curiosidad y me voy sorprendido. El florecimiento es impresionante. Vine por el fin de semana con mi familia”, señaló.
Algunos turistas, incluso, expresaron su disposición a pagar una tasa por el ingreso al área, con el objetivo de que los recursos recaudados se destinen a mejoras en la conservación del bosque, el mantenimiento de senderos y la gestión turística del lugar.
Fuente: El Mercurio
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