Con goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez en la primera mitad, el Tri de Javier Aguirre rompió la maldición y se mete entre los 16 mejores del mundo ante un Estadio Azteca pletorico.
La noche del 30 de junio de 2026 quedará grabada con letras de oro en los libros del fútbol mexicano. En una atmósfera inigualable dentro del coloso de Santa Úrsula, la selección mexicana de fútbol derrotó con autoridad 2-0 a su similar de Ecuador en los dieciseisavos de final de la Copa del Mundo, desatando la euforia de todo un país que vuelve a ver a su equipo en unos octavos de final.
La recompensa llegó al minuto 22, cuando Julián Quiñones aprovechó un balón suelto en las inmediaciones del área y conectó un potente remate cruzado que dejó sin opciones al arquero rival, abriendo el marcador y haciendo estallar al Estadio Azteca. Sin dar tiempo a la reacción tricolor, la veteranía de Raúl Jiménez se hizo presente al minuto 31; el delantero firmó el 2-0 definitivo tras una excelente definición técnica que liquidó el encuentro de forma prematura.
En el complemento, Ecuador adelantó líneas e intentó sacudirse el dominio local, pero se topó con un muro defensivo impecable. México no solo manejó el ritmo de los tiempos del partido, sino que mantuvo su racha de imbatibilidad en lo que va de esta cita mundialista, confirmando que la zaga defensiva pasa por un momento brillante.
La desesperación se apoderó de la escuadra ecuatoriana en el cierre del cotejo. En el tiempo de descuento, tras una acalorada discusión verbal y un conato de bronca con el atacante mexicano Santiago Giménez, el defensor central Piero Hincapié vio la tarjeta roja directa, dejando al equipo visitante con diez hombres justo antes del pitazo final.
Rompiendo la barrera de los dieciseisavos
Este triunfo representa un hito histórico para el balompié mexicano, que no lograba avanzar de una fase de eliminación directa en un Mundial desde la edición de 1986, justamente cuando también fungieron como locales.
Dejar una contestacion